
Para muchas personas, el color es un elemento cien por cien omnipresente en sus vidas. Tanto, que casi no nos paramos a pensar en todo lo que representa. ¿Por qué te gusta más comprar ropa de cierto color? ¿O por qué el semáforo en rojo indica que no se debe cruzar? ¿Y por qué las consultas médicas son de colores claros? Aunque en el día a día lo pasemos por alto, la verdad es que el color es comunicación. Y como tal, puedes combinar colores para que tu idea hable sola.
Así que eso convierte al color en tu mejor aliado para definir cualquier idea. Y digo cualquier idea, porque el color no solo es importante para la paleta de una marca. El color nunca deja de ser vehículo de significados y, como tal, puede ayudarte en cualquier acción comunicativa. Hasta en aquellas que sean solo para ti. Te explico por qué y cómo empezar a construir una identidad a través del color.
¿Qué puede decir el color?
El lenguaje del color procede de siglos de historia del humano interaccionando con el entorno e interpretando los colores que en él se encuentran. Fruto de esta experiencia, el humano ha podido asociar colores y significados, creando signos por convención social. Como especie aprendimos a asociar el rojo con el peligro o la prohibición y como resultado, hoy en día, todos sabemos que no debemos cruzar cuando el semáforo está en rojo.
Sin embargo, aunque colores como el rojo tienen significados tan fácilmente reconocibles, el significado de otros tonos tiene más que ver con la psicología o incluso el marketing. El azul, por ejemplo, suele asociarse con la calma, la confianza o la profesionalidad, mientras que el amarillo transmite energía, optimismo o creatividad. Estas asociaciones no son universales, pero sí lo bastante comunes como para influir en cómo interpretamos cualquier mensaje visual.
Además de los significados culturales, también reaccionamos al color de forma instintiva. Los tonos cálidos suelen captar nuestra atención más rápido, mientras que los fríos generan sensación de distancia o serenidad. Nuestro cerebro procesa el color antes que cualquier forma o palabra, así que, en cuestión de milisegundos, ya ha construido una primera impresión de lo que está viendo.
Por eso, incluso si solo estás preparando una presentación, un documento, o un pequeño proyecto personal, tu paleta puede condicionar cómo se percibe tu idea. Una mala elección puede hacer que un mensaje no se entienda o puede afectar a los receptores en su ánimo o predisposición. En cambio, una combinación más cuidada puede reforzar el mensaje exacto que quieres transmitir.
El color habla por ti, así que lo mejor será que diga lo correcto.
Cómo elegir un color principal
Antes de combinar colores, necesitas elegir un color clave que represente tu idea. Este representará emocionalmente el proyecto y hará de guía para el resto de decisiones visuales. No es necesario que sea un color con un significado profundo: lo único que necesitamos es que transmita la emoción correcta.
El primer paso es, justamente, pararte a pensar en las sensaciones que te gustaría provocar. ¿Quieres transmitir calma? Azul o verde. ¿Quieres despertar energía o dinamismo? Naranja o amarillo. ¿Tienes un público con gran poder adquisitivo y necesitas que tu idea les parezca elegante o premium? Gris, negro, marrón. Nada de esto es inamovible, pero es un buen comienzo. Es un ejercicio muy básico en el que ponemos a trabajar la intuición, mientras construimos los primeros bloques de nuestra estrategia.
Una vez elegido el color principal, este se convertirá en el punto de partida del resto de la paleta. Es el principio de un plan que te ayudará a mantener la consistencia del proyecto.
Cómo combinar colores y construir una paleta consistente
Una vez tenemos un color principal, la tarea de encontrar el resto de colores de la paleta puede parecer difícil. ¿Qué colores combinan bien? ¿Y si estropeo el significado del color principal añadiendo otros colores? ¿Sería mejor cambiar el color principal y empezar de nuevo? No pasa nada, hacerse preguntas es bueno.
El ejercicio es muy similar al anterior: ¿qué te gustaría transmitir? Sí, es verdad que el color principal ya lo elegimos en base a esa emoción principal. Pero el resto de la paleta aportará un significado secundario destinado a reforzar la idea central. ¿Tienes un producto premium y quieres que llegue a una audiencia joven? Necesitas una paleta llamativa, con contraste. ¿Y si es para un público más serio? Entonces quizás te venga mejor una paleta más uniforme, monocromática.
Para encaminar la idea central de tu color principal, puedes optar por paletas de contraste, que son llamativas y muy útiles para destacar algún elemento. O puedes optar por paletas análogas, más armoniosas y suaves. Por otro lado, una paleta monocromática te da la oportunidad de defender tu color principal de una forma más sofisticada.
- Paletas análogas: usan colores relacionados con tu color principal. Los colores relacionados son aquellos que están cerca del principal en la rueda de color.
- Paletas complementarias: usan los colores contrarios al color principal. Es decir, aquellos que se sitúan en el lugar opuesto de la rueda de color.
- Paletas monocromáticas: usan solamente el color principal, pero con variaciones en su saturación y luminosidad.
Una vez entendemos qué puede aportar cada tipo de paleta, podemos acotar mucho mejor nuestra lista de posibles colores. Y llegados a este punto, la buena noticia es que no hay una única respuesta correcta. Ahora sí, toca elegir la combinación que más nos atrape. Aquella que creamos que refleja mejor toda nuestra estrategia.
Al final, trabajar con colores es parte de la construcción de nuestro mensaje. Seguimos añadiendo pequeños bloques que compondrán el proyecto en su totalidad. Y una vez todo empieza a encajar, la comunicación se vuelve más directa. Lo único que necesitamos es observar y probar sin miedo a equivocarnos. Y, además, también hay muchas herramientas que nos pueden ayudar a hacer este proceso más fácil.

