
Tienes una idea, y más o menos ya sabes cómo quieres llevarla a cabo, al menos en teoría. Pero coges papel y lápiz, y no pasa nada. Abres el bloc de notas, y no fluyen las palabras. Abres tu programa de diseño y el blanco resplandece ante ti. No te pasa solo a ti. Muchos lo llaman el «síndrome del lienzo en blanco». ¿Cómo podemos superar estos inicios tan tediosos? Hablemos sobre cómo desarrollar una idea desde el principio.
Miedo a tomar decisiones
La verdad es que este miedo a comenzar puede reducirse al miedo a tomar decisiones. Estamos en una fase temprana, todavía no sabemos cómo encajará todo, y creemos que cualquier elección condicionará el resto del proyecto.
No pasa nada.
La regla es la siguiente. El primer paso de cualquier proyecto es tomar una decisión inicial. No importa lo que sea. Y te prometo que pronto te darás cuenta de que puedes cambiar esa primera acción todo cuanto quieras. El objetivo inicial es empezar, porque de ahí seguiremos probando y viendo las posibilidades que sí marcarán la dirección de la idea.
Por eso, no tengas miedo de tu primera decisión. Es solo el punto de partida que nos permitirá seguir.
Permítete un poco de caos
También es importante liberarse, en la medida de lo posible, de ciertas restricciones. Y me refiero a aquellas que afecten únicamente al modo de abordar el proyecto. Y es que, tener acotaciones o pequeñas reglas en cuanto a los elementos que emplearemos en el desarrollo de la idea es, en realidad, un muy buena forma de empezar. Tener, por ejemplo, una paleta ya elegida nos será de gran ayuda para dar el primer paso más rápidamente. Nos ahorrará el momento de indecisión de «¿y con qué color empiezo?».
Las restricciones que de verdad nos frenan son, por ejemplo, la presión de empezar por el principio. O la de empezar, casi inmediatamente, a crear versiones pulidas de los distintos elementos. Solo porque estamos ansiosos por saber si la idea funcionará. No. Ve a tu ritmo, deja que el proyecto sea imperfecto todo el tiempo que necesite serlo. Que respire, que fluya y que se transforme. Está perfectamente bien empezar con garabatos y frases sueltas.
La perspectiva que más te puede ayudar a avanzar con paso firme es la de ver el lienzo en blanco como un espacio lleno de posibilidades. No necesitamos evaluar cada cosa, eso vendrá mucho más tarde, en una etapa en la que será más fácil enfrentarse a los juicios. Y ahí, sí, tendremos todo el material necesario y estaremos listos para afinarlo todo.
