
El color es un elemento comunicativo fundamental para cualquier idea. Puede reforzar cualquier mensaje y ayudar que llegue justo a su destino. Sin embargo, este gran poder conlleva una gran responsabilidad: los errores pueden salir caros. A veces cometemos errores importantes en la elección de colores, y otras solo se trata de pequeños detalles que pueden pulirse. En cualquier caso, vamos a ver a continuación los errores al elegir colores más típicos y qué podemos hacer para evitarlos.
Demasiados colores
El color es maravilloso y cada tono que añadimos a la paleta parece abrir un infinito mundo de posibilidades. Pero antes de añadir nada, debemos pararnos a pensar. Sí, es un tono muy bonito, pero ¿dirías que acompaña a la energía que queremos transmitir? ¿Tiene una relación coherente con el color principal?
Cada color puede asociarse social y culturalmente con ciertas emociones. Es la psicología del color. Y lo más importante que podemos hacer es tener muy clara la emoción que asociamos a nuestra idea. Puede ser lo que queremos que sienta el receptor o lo que creemos que mejor apela a esta población. O simplemente lo que mejor represente el espíritu o la identidad del proyecto. Si mi idea implica movimiento o energía, seguramente mi color principal será naranja o amarillo. Y el resto, tendrá una relación coherente con el principal. Todo lo demás, difícilmente podrá aportar algo más que ruido.
Contraste
Por si no había quedado claro en el apartado anterior, es muy importante observar la relación entre los distintos colores de la paleta para evitar errores. Y si antes nos hemos fijado en la psicología del color y en su capacidad comunicativa, ahora nos enfrentaremos directamente a sus propiedades físicas.
El contraste es una propiedad del color que puede jugar a nuestro favor de forma estética y comunicativa. Y es que puede ser de gran ayuda para resaltar ciertos elementos o incluso para encajar perfectamente la energía del proyecto. Pero también es muy importante examinar el contraste en su aspecto funcional.
Lo que debemos evitar ante todo es crear una paleta sin ningún tipo de contraste. Porque si no contamos con al menos un par de colores con un contraste fuerte entre ellos, nuestros textos o elementos gráficos serán muy difíciles de leer y distinguir. Transmitimos una identidad, una emoción, pero también transmitimos información que debe ser legible.
Contexto
Por último, tenemos que hablar del contexto en el que presentaremos nuestra idea. Aquí, volvemos a referirnos especialmente al público que la va a recibir. Pero también a cualquier factor que pueda influir en cómo la interpreta.
Debemos tener en cuenta qué colores son conectan mejor con nuestro público y si estos tienen la capacidad de transmitirles las emociones correctas. Y, por otro lado, debemos pensar también en los medios y soportes que harán de vehículo para mostrar nuestra idea y sus colores. ¿Cómo se verán nuestros colores en distintas pantallas? ¿Y en formatos impresos? ¿Y en un cartel muy grande? Normalmente los tonos elegidos no se ven igual en pantallas que en papel, lo que nos obliga a tener una paleta adaptada para según que casos. Y el contraste también puede verse afectado cuando la imagen es muy pequeña o, por el contrario, muy grande.
Al final, trabajar con el color es un proceso de observación. Tenemos que ir ajustando y descartando hasta que todo encaje con lo que queremos contar. Podemos empezar examinando el color principal, pero poco a poco tenemos que ir ampliando el examen hasta observar la interacción entre los distintos colores y el entorno que los rodea.
El color está para ayudarnos a comunicar mejor, y hacer pruebas solo puede ayudarnos a mejorar nuestra idea. Por otro lado, contar con herramientas para crear paletas de color también puede hacer que el proceso sea mucho más sencillo. Así que te invito a probar algunas hasta que encuentras la que mejor se adapta a ti.

